Archivo de la categoría: Filosofía

Sean Connery y la navaja de Ockham

El personaje de Sean Connery, en El nombre de la rosa, está inspirado , por una partde en Sherlock Homes, y por otro en un fraile franciscano y filósofo escolástico inglés, que se llamaba Guillermo de Ockham.

Para entender sobre el personaje histórico, las citas referidas a él dicen cosas como que fue: «El mayor nominalista que jamás vivió» «Una de las mentes especulativas más grandes de la Edad Media» entre los pensadores pertenecientes a la escuela franciscana o  «Uno de los metafísicos más profundos que jamás vivieron».
En sus razonamientos hizo frecuente uso del principio de economía de entes, conocido en el ámbito cultural anglosajón como principio de parsimonia. Por ello, aunque es muy anterior a él  (ya lo utilizaban los antiguos griegos, y aparece en el Organon atistótelico, como se menciona en la propia película), fue bautizado como «navaja de Ockham».

¿Pero por qué el nombre de la navaja de Ockham? Se decía que Ockham «afeitaba como una navaja las barbas de Platón» , ya que de su aplicación se obtenía una notable simplicidad ontológica, por contraposición a la filosofía platónica que «llenaba» su ontología de entidades.

Así, el principio de parsimonia o la navaja de Ockham consiste en que si, existiendo varias explicaciones posibles a un fenómeno o problema dado, la más sencilla es la que con toda probabilidad sería la más correcta. 

Como el propio Guillermo dijo «las cosas esenciales no se deben multiplicar sin necesidad». La explicación completa más simple es la preferible.

A pesar de que este principio filosófico no es ni mucho menos infalible, ha sido utilizado en numerosos campos, como la economía, la teología, la lingüística, la teología, la biología, la informática o la estadística.

Así fue utilizado en la teoría microeconómica del comportamiento del consumidor;  para revisar la adecuación explicativa (problema de adquisición del lenguaje) del modelo de Aspectos de una teoría de la sintaxis de la gramática generativa de Chomsky; o en el análisis exploratorio de modelos de regresión lineal múltiple dentro de la estadística.

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1963: Cuando ardió todo, menos su corazón (el órgano)

El 10 de junio de 1963, los corresponsales de prensa estadounidenses afincados en Vietnam, fueron avisados por un portavoz de los budistas, de que algo importante estaba a punto de ocurrir frente a la embajada de Saigón. El mensaje fue ignorado por muchos. Sólo unos pocos acudieron para presenciar un momento histórico, un día después.

El 11 de Junio, Thích Quảng Đức, se prendería fuego a sí mismo en señal de protesta, suicidándose sin un sólo gesto, ni una sola palabra.

Thích Quảng Đức, nacido como Lâm Văn Tức fue un monje budista mahāyāna vietnamita. Como muchos otros, vivía bajo el gobierno de Ngô Đình Diệm, más conocido simplemente como Diêm,que favorecía a los católicos frente a los budistas, hasta el punto de perseguirlos hasta la muerte.

Esta fotografía fue realizada por Malcolm Browne, uno de los pocos periodistas que acudió al lugar, y que ganó el premio Pulitzter.

El corazón de Quang Duc no se quemó, y después de su funeral en el que fue icinerado del todo, el órgano fue recuperado y guardado como una reliquia. Este hecho fue tomado como un símbolo de su compasión y llevó a los budistas vietnamitas a honrarlo como bodhisattva.

A raíz de las protestas de  Thích Quảng Đức, otras se sucedieron, y las fuerzas especiales del régimen de Diêm causaron numerosas muertes y atacaron varias pagodas budistas. Varios monjes siguieron el ejemplo de  Thích Quảng Đức y se quemaron hasta la muerte.

La ola de suicidios por parte de los monjes en 1963, popularizó la expresión de “quemarse a lo bonzo”, ya que a los monjes budistas también se los llamaba “bonzos”,  por su nombre en francés bonze durante la ocupación de Indochina.

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Festina lente es una frase en latín, en forma de oxímoron, cuya traducción literal es: “Apresúrate lentamente“.

Éstas palabras son atribuidas a Augusto, según Suetonio (Augusto, 25): “Caminad lentamente si queréis llegar más pronto a un trabajo bien hecho”.

(Un oxímoron es una figura lógica que consiste en usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión, que genera un tercer concepto metafórico.)

Festina lente

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La paradoja de Teseo y la identidad de las cosas.

¿Si un objeto es reemplazado por completo, parte a parte, sigue siendo el mismo objeto? ¿Sí? ¿No?

Según la leyenda griega recogida por Plutarco:

“El barco en el cual volvieron (desde CretaTeseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y los atenienses lo conservaban desde la época de Demetrio de Falero, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes, de modo que este barco se había convertido en un ejemplo entre los filósofos sobre la identidad de las cosas que crecen; un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era.”

Esto se puede traducir en la siguiente pregunta: ¿estaríamos en presencia del mismo barco si se hubieran reemplazado cada una de las partes del barco una a una?

Y si las partes reemplazadas se almacenasen, y luego se usasen para reconstruir otros barcos ¿cual de ellos, si lo es alguno, sería el barco original de Teseo?

Muchos objetos pueden caer en la paradoja de Teseo: edificios y automóviles, por ejemplo, pueden sufrir un reemplazo completo y aún mantener algún aspecto de su identidad; “reemplazando” así completamente su antigua estructura material por una nueva, y siguen manteniendo el mismo propósito.

De manera similar, el cuerpo humano constantemente crea, a partir de los materiales construidos, nuevas partes, componentes, células… mientras las células viejas mueren. El promedio de edad de las células en un cuerpo adulto puede ser de menos de diez años, y las células que no se reemplazan por completo (por ejemplo las neuronas) reemplazan sus componentes (átomos y moléculas) en los procesos fisiológicos normales, en un lapso similar.

De lo dicho, se concluye que el cuerpo que estamos viendo en el espejo, cual Paradoja de Teseo, es completamente distinto del que vimos hace 7 años o más y es distinto del que veremos dentro de 7 años o más, independientemente de nuestra edad. ¿Somos “los mismos” entonces?

Este concepto puede diferir en culturas diferentes. Como muestra esta anécdota que menciona la Wikipedia, parecería que en Asia esto no constituye una paradoja. Nuestro amigo Douglas Adams en su libro Last chance to see relata:

Yo recuerdo que una vez en Japón, fui de visita al Gold Pavilion Temple en Kyoto y me sorprendí al observar lo bien que el templo había resistido el paso del tiempo desde que fuera construido en el siglo catorce. Entonces me explicaron, que en realidad el edificio no había resistido, ya que de hecho se había quemado hasta los cimientos dos veces durante este siglo. Por lo que le pregunté a mi guía japonés “¿O sea que no es el edificio original?”.
“Al contrario, por supuesto que es el original”, me contestó, un tanto sorprendido por mi pregunta.
“¿Pero no se incendió?”.
“Sí”.
“Dos veces”.
“Muchas veces”.
“Y fue reconstruido”.
“Por supuesto. Es un edificio histórico importante”.
“Con materiales completamente nuevos”.
“Por supuesto. ¡Si se había incendiado!”.
“Pero entonces, ¿cómo es posible que sea el mismo edificio?”
“Siempre es el mismo edificio.”
Y tuve que admitir que este era un punto de vista perfectamente racional, solo que partía de un postulado completamente inesperado. La idea del edificio, la finalidad del mismo, y su diseño, son todos conceptos inmutables y son la esencia del edificio. El propósito de los constructores originales es lo que sobrevive. La madera de la que está construido decae y es reemplazada todas las veces que sea necesario. El preocuparse por los materiales originales, que solo son recuerdos sentimentales del pasado es no saber apreciar al edificio.”
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