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¿Un retrato más? Picasso y Modigliani

Ya que estamos con el aniversario de Juan Gris, hablemos de otro pintor español emblemático: Picasso. Esta vez, será de una de sus obras con más historia detrás de ella, el cuadro titulado : “Modigliani”

 En la película homónima, que es muy recomendable, aparece un retrato pintado por Pablo Picasso de su rival, el pintor ModiglianiPicasso sí que retrató a Modigliani, aunque de una forma diferente, como muestra la segunda imagen.

¿Pero quién es ese tal Modigliani? ¿Y por qué esa leyenda detrás del cuadro?
En 1906 Modigliani llegó a París, tenía 22 años. Era un chico agraciado y original tanto en su forma de vestir como de pintar. Por aquel entonces se puede decir que había dos grupos marcados entre los artistas: los seguidores de Picasso y los seguidores de Matisse. Modigliani, así como sus amigos  Maurice Utrillo, Chaim Soutine , compartieron el rechazo y la marginación de esos grupos.
Modigliani rechazaba fervientemente a Picasso y a su “banda”. Modi (apodo, que por cierto en italiano significa maldito) se relacionaba cordialmente con casi todos los miembros de la comunidad artística asentada en París, pero se le consideraba un marginado. Se buscaba la vida pintando retratos en los cafés a cambio de un plato de comida o un trago.
Modigliani no funcionaba dentro de una corriente clara y definida. Así es que Modigliani no colgó muchas obras hasta después de su muerte, tal vez por la influencia que causaron una serie de sucesos que la acompañaron.
El artista tenía una enfermedad pulmonar, que a menudo le hacía tener que alejarse de su trabajo. Además bebía mucho y fumaba hachís. Aparte de fama de borracho, también tenía fama justificada de adorar a las mujeres, considerarlas la única musa del arte. Pintó numerosos desnudos, que fueron expuestos y a menudo retirados al poco tiempo por indecentes.
Este fragmento de la película “Modigliani” de 2004, demuestra la pasión que sentía por las mujeres hasta el punto de insultar a Picasso, su rival, preguntándole “cómo se hace el amor a un cubo”. No se conoce si esta anécdota es cierta, pero refleja fielmente su rivalidad.
Modigliani se dedicó exclusivamente al retrato. Pintó a muchas mujeres durante su vida, muchas de las cuales se autoproclamaron sus viudas cuando murió. Pero la tragedia perteneció realmente a  Jeanne Hébuterne , una estudiante de la academia de arte Colarossi, donde se conocieron Modi y ella en 1917.
Se sabe poco de Jeanne, pues era tímida y callada. En 1918 dió a luz a la hija de ambos llamada Niza, que fue entregada a una institución por su falta de medios, y la vida bohemia de su padre. En 1919 Jeanne se quedó embarazada de nuevo, justo el año en que la enfermedad pulmonar de Modi se vio agravada, hasta un punto insostenible. Ya no podía recorrer los cafés para hacer retratos y vivían de los adelantos de su agente.
El 22 de enero de 1920, Ortiz de Zárate, el pintor chileno que fue su primer amigo en París, llevó a Modigliani al hospital, inconsciente . Modi no recupera la consciencia, y muere de meningitis tuberculosa el 24 de enero.
En la película, el final de Modigliani es ligeramente diferente, pero igualmente trágico. Sin duda, tratan de reflejar que el éxito sólo le llegó después de muerto y de una vida llena de sinsabores. A pesar de la licencia artística, la película es muy recomendable por lo bien hilada que muestra su historia, y el gran retrato que hace de los artistas de su época.
En la vida real, Jeanne fue llevada al hospital para ver por última vez a Modi, salida de cuentas pero aún en cinta.  A las cuatro de la mañana del domingo, mientras sus padres y su hermano discutían en otra habitación acerca de su futuro y el de sus hijos ilegítimos, Jeanne abrió la ventana de su antiguo dormitorio y se tiró por la ventana, muriendo ella y su bebé.
El retrato que aparece al final de la película, no existe como tal, aunque hay numerosos retratos de Jeanne por parte del artista, como el anterior. El que guarda mayor similitud con el del film, es éste.
Para terminar de comprender la historia, os recomiendo una vez más que veáis la película de 2004, tan expresiva como la historia que narra.
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La paradoja de Teseo y la identidad de las cosas.

¿Si un objeto es reemplazado por completo, parte a parte, sigue siendo el mismo objeto? ¿Sí? ¿No?

Según la leyenda griega recogida por Plutarco:

“El barco en el cual volvieron (desde CretaTeseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y los atenienses lo conservaban desde la época de Demetrio de Falero, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes, de modo que este barco se había convertido en un ejemplo entre los filósofos sobre la identidad de las cosas que crecen; un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era.”

Esto se puede traducir en la siguiente pregunta: ¿estaríamos en presencia del mismo barco si se hubieran reemplazado cada una de las partes del barco una a una?

Y si las partes reemplazadas se almacenasen, y luego se usasen para reconstruir otros barcos ¿cual de ellos, si lo es alguno, sería el barco original de Teseo?

Muchos objetos pueden caer en la paradoja de Teseo: edificios y automóviles, por ejemplo, pueden sufrir un reemplazo completo y aún mantener algún aspecto de su identidad; “reemplazando” así completamente su antigua estructura material por una nueva, y siguen manteniendo el mismo propósito.

De manera similar, el cuerpo humano constantemente crea, a partir de los materiales construidos, nuevas partes, componentes, células… mientras las células viejas mueren. El promedio de edad de las células en un cuerpo adulto puede ser de menos de diez años, y las células que no se reemplazan por completo (por ejemplo las neuronas) reemplazan sus componentes (átomos y moléculas) en los procesos fisiológicos normales, en un lapso similar.

De lo dicho, se concluye que el cuerpo que estamos viendo en el espejo, cual Paradoja de Teseo, es completamente distinto del que vimos hace 7 años o más y es distinto del que veremos dentro de 7 años o más, independientemente de nuestra edad. ¿Somos “los mismos” entonces?

Este concepto puede diferir en culturas diferentes. Como muestra esta anécdota que menciona la Wikipedia, parecería que en Asia esto no constituye una paradoja. Nuestro amigo Douglas Adams en su libro Last chance to see relata:

Yo recuerdo que una vez en Japón, fui de visita al Gold Pavilion Temple en Kyoto y me sorprendí al observar lo bien que el templo había resistido el paso del tiempo desde que fuera construido en el siglo catorce. Entonces me explicaron, que en realidad el edificio no había resistido, ya que de hecho se había quemado hasta los cimientos dos veces durante este siglo. Por lo que le pregunté a mi guía japonés “¿O sea que no es el edificio original?”.
“Al contrario, por supuesto que es el original”, me contestó, un tanto sorprendido por mi pregunta.
“¿Pero no se incendió?”.
“Sí”.
“Dos veces”.
“Muchas veces”.
“Y fue reconstruido”.
“Por supuesto. Es un edificio histórico importante”.
“Con materiales completamente nuevos”.
“Por supuesto. ¡Si se había incendiado!”.
“Pero entonces, ¿cómo es posible que sea el mismo edificio?”
“Siempre es el mismo edificio.”
Y tuve que admitir que este era un punto de vista perfectamente racional, solo que partía de un postulado completamente inesperado. La idea del edificio, la finalidad del mismo, y su diseño, son todos conceptos inmutables y son la esencia del edificio. El propósito de los constructores originales es lo que sobrevive. La madera de la que está construido decae y es reemplazada todas las veces que sea necesario. El preocuparse por los materiales originales, que solo son recuerdos sentimentales del pasado es no saber apreciar al edificio.”
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